"¿Cansado de los mismos aburridos consejos de marketing? Descubre la historia de Federico y su brillante (y catastrófico) plan para #VivirDeLaRentaAérea. Un hilo sobre #Emprendimiento, #GlobosDeHelio y por qué #ElRincónDelCallo casi causa un incidente internacional. #FracasoÉpico #HumorNegocio #CuentoDeEmprendedor"
El Magnífico Plan para Vivir de la Renta Aérea
Había una vez un hombre llamado Federico, cuyo sueño no era ser astronauta, bombero, o influencer de batidos verdes. No, Federico tenía una aspiración más elevada, más pura, y francamente, más perezosa: quería Vivir de la Renta Aérea.
No, no es un error tipográfico. Federico, un visionario que confundió un meme de internet con un plan de negocios, decidió que la "renta básica" era para principiantes. Él iba a monetizar el aire mismo. ¿Cómo? Ah, pregunten tontas preguntas.
Su plan, elaborado durante una siesta particularmente inspiradora, era sublime en su simplicidad:
Paso Uno: Comprar 10,000 globos de helio. (La lógica: si uno te hace flotar, diez mil te harán rico. Es matemática avanzada).
Paso Dos: Atar a cada globo un folleto publicitario para el negocio local de su tío, "El Rincón del Callo", una tienda de productos para pies cansados.
Paso Tres: Soltar esta nube flotante de anuncios en el cielo y esperar a que el dinero, como la lluvia, cayera del cielo.
"¡Es publicidad etérea!" le explicó a su amiga Lucía, mientras pagaba con tarjetas de crédito por el helio. "Literalmente, el cielo es el límite. O más bien, el techo de la estratosfera."
Lucía, que tenía el don de la cordura, le dijo: "Federico, eso no es una renta aérea. Eso es contaminación visual con un altísimo riesgo de que se estrellen en la propiedad de alguien. Además, ¿quién va a ver un anuncio para cremas para pies a 3000 metros de altura?"
"Los pájaros con hongos," respondió Federico, con la seguridad de un alce en una cristalería. "Y los pilotos de avión. Tienen los pies muy cansados."
El Gran Día llegó. Federico, en un campo, rodeado de montañas de globos plateados, era un espectáculo. Parecía la personificación de un sueño, o al menos de una fuga de gas masiva. Con una sonrisa triunfal, cortó la cuerda que los sujetaba.
Lo que sucedió después fue... educativo.
La nube de globos no se elevó en una formación ordenada hacia los negocios del cielo. No. Fue un caos de látex y cuerdas que, en lugar de subir, se enredó en un viento cruzado y se dirigió directamente hacia la única torre de control de tráfico aéreo de la región.
Durante tres gloriosos minutos, Federico fue el rey de la renta aérea. Los controladores aéreos vieron sus anuncios, aunque los mensajes que enviaron no fueron de agradecimiento. Un piloto de un Airbus A320 reportó: "Torre, estamos viendo... ¿globos? Y alguien quiere que curemos nuestros callos."
La "renta" de Federico duró exactamente el tiempo que tardaron las autoridades en localizarlo, seguirlo por el rastro de folletos que ya empezaban a llover sobre la ciudad, y multarlo por una cantidad que haría llorar a un contable.
Desalentado, pero no vencido (porque la ignorancia es un escudo poderoso), Federico se sentó en un banco, mirando el recibo de la multa. Fue entonces cuando un niño pasó corriendo, pisó uno de sus folletos caídos, se resbaló y empezó a llorar.
La madre corrió hacia Federico. Él se preparó para lo peor.
"¡Usted! ¡El de los folletos!" dijo la mujer. Federico asintió, listo para recibir otra demanda. "¡Mi hijo tiene un callo justo por resbalarse con esto! ¿Dónde está esa tienda?"
Y así, de la manera más terrenal y menos aérea posible, Federico consiguió su primera comisión. No fue un cheque del cielo, sino un billete arrugado de la cartera de una madre agradecida.
Moraleja (con un toque de sarcasmo, por supuesto):
Querido público, la próxima vez que sueñen con vivir de la renta aérea, recuerden la epopeya de Federico. A veces, los castillos en el aire son solo eso: castillos. En el aire. Lo que de verdad paga las facturas suele ser la solución ridículamente práctica a un problema terrenal, como un callo en el pie de un niño.
Porque al final, la única renta que no se pincha es la que se construye desde el suelo, incluso si para empezar hay que venderle crema para pies a medio mundo... uno por uno.
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